No apto para distraídos

 

Por José Promis

 

Un filólogo alemán escribió más de medio siglo atrás que la literatura era un jardín de formas, afirmación que por mucho tiempo fue favorecida por numerosos académicos y críticos que dedican sus desvelos a escudriñarla. Con ella, el filólogo en cuestión quería decir que nada nuevo existe bajo el sol. Todas las posibles variantes formales están sembradas en ese jardín, pero no todas se muestran a la vez: el sol ilumina periódicamente a algunas y deja a otras esperando su estación en la sombra. En estos últimos años le ha tocado su turno a la forma llamada "microcuento", "microficción" o "microrrelato": narraciones brevísimas (como su nombre lo indica), que concentran toda la fuerza de un cuento tradicional en unas pocas líneas y que utilizan lo insólito, lo inesperado, la agudeza y a veces el humor y la ironía para clavarse en la percepción del lector con la fuerza de un epigrama o para obligarlo a adoptar una actitud alerta que el cuento largo no siempre exige.


Lilian Elphick es una de las escritoras chilenas que ha practicado esta forma de narrar. Como se desprende de lo dicho más arriba, sus textos apuntan a lectores especializados: conquistar públicos numerosos o inscribirse en las listas de los "más vendidos" no son sus propósitos. Los microrrelatos de su último libro, Diálogo de tigres, van dirigidos a un círculo de lectores perspicaces que pueden descubrir lo que existe debajo de las escasas líneas de cada texto; lo que las palabras no dicen -por lo mismo, el tono lírico es muy marcado en la mayoría de sus microrrelatos-; sus referencias en ocasiones ocultas o, en otras, aludidas con una frase o una imagen de fugacidad momentánea que escapa al ojo no avizor de un distraído lector: "La tigresa está triste. ¿Qué tendrá la tigresa", leemos en el comienzo de uno de sus microrrelatos, intencionada aliteración que remite a un texto clásico de la lírica hispanoamericana y a la vez se sitúa en oposición a ese modo específico de hacer literatura. Más adelante, otro microrrelato nos toma desprevenidos: "Y cuando despertó, Dios le dijo: Quiero que estés en el pesebre. Entonces el dinosaurio fue y se acomodó como pudo entre la vaca y el burro...", texto que remite lúdicamente al más famoso microrrelato escrito en español: "El dinosaurio", de Augusto Monterroso: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Pero hay que reconocer que en este caso la autora se muestra generosa con sus lectores: el microrrelato que viene a continuación es otra variante del cuento de Monterroso que, para mayor cortesía, se llama "Monterroseana" (aunque poca ayuda será para quienes no hayan leído los microcuentos del autor guatemalteco).


Crear utilizando correlatos textuales es un actividad vieja como el sol. Hacer literatura ha sido siempre jugar con espejos donde los textos se contemplan recíprocamente; pero escribir manifestando conciencia de esta situación es algo nuevo, así como también lo es la afirmación de que la literatura es exactamente eso: imaginación que nace del uso particular de las palabras escritas. Lilian Elphick también nos impide olvidar que sus "favolas" nacen de la escritura y se consumen en ella, creando un espacio escritural donde ficción y realidad se compenetran y se alteran en un mundo imaginario novedoso e insólito, pero a la vez, donde la amalgama que los une, como sucede con todos los mundos maravillosos, puede destruirse -y gloso- "con el sonido de una cucharita que cae al suelo."


Diálogo de tigres es, sin duda, una colección de microrrelatos de excelente factura artística, convocados para satisfacer el interés intelectual y estético de lectores prevenidos, amigos de lo diferente y de la reflexión. Gracián se sentiría satisfecho: lo bueno, si breve, dos veces bueno.


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En: Revista de Libros de El Mercurio. 2 de octubre de 2011.


Diálogo de tigres, de Lilian Elphick
Mosquito Comunicaciones, Santiago de Chile, 2011.

 

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Monstruos diminutos

 

Por Patricia Espinosa

 

Minificciones –o textículos, como los llamó Julio Cortázar- que no van más allá de una página y que en algunos casos parecen concatenarse o seguir su propia ruta; textos cuya trama se encoge para dar  lugar a una especie de prosa poética, una reflexividad en torno a sensaciones, afectos, relaciones de dominio y la preocupación por el acto de escritura.

Este libro de Lilian Elphick crea un espacio en el que predomina un imaginario del dolor que vaga por retazos cotidianos, donde emerge una simbología que traspasa el realismo.

Diálogo de tigres es un volumen de 75 relatos, en los que convive la profundidad con la extrema simpleza. Esta tensión entre los textos, que a veces lindan en la ingenuidad, no logra por ello quitar peso al conjunto. Un excelente ejemplo de esa convivencia con la sencillez fabulística sucede en los relatos dedicados a una pareja de tigres. Riesgosamente se enfrentan los diálogos de los personajes mediante escenas que bordean la alegoría. Digo riesgosamente, porque la lectura ingenua pudo coagularse, pero la autora consigue dar a cada texto un peso filosófico donde la vida, la muerte y el amor están siempre presentes. Los tigres funcionan como personajes adánicos, desprotegidos, cargados de historias, marcados en la piel, a veces lejanos y otras tremendamente cercanos entre sí: “En los ojos de uno se reflejan los del otro. Cuatro soles en la oscuridad, y una distancia enorme que los separa. Ellos lo saben”. La animalidad confluye con un discurso triste, rotundo, porque saben que  “morirán si no encuentran una mano que morder, aquella que los escribe en la mitad de la noche”.

Seres monstruosos pueblan además esta narrativa, seres que abren la presencia de mujeres desoladas, que sufren, que escriben, que se desligan de la escritura, que matan y que aman tormentosamente. La construcción de un sujeto femenino que ha traspasado límites y se duele, pero que a pesar de ello experimenta una extraña felicidad, es un acierto de este libro, en lo particular porque logra dar cuenta de cierta perversión necesaria para el logro de la liberación.

Con sutileza, las narraciones van dando cuenta de que los personajes deben destruir a la figura autorial, aquella que los escribe, aquellos “cazadores que disparan tinta en blancos papeles”. De tal modo, se reinstala el tópico de los personajes autonomizados de su creador, o en franca disputa con él, que es una especie de dios al que sus hijos deben matar. Se remarca así la condición de ficcionalidad de esta escritura desprendida del escritor, cita a la muerte del autor planteada alguna vez por Roland Barthes, que postula la autonomía absoluta del texto en oposición a la tendencia de leer a partir de la biografía del autor.

Diálogo de tigres es un conjunto de relatos rasposos, cargados de imágenes rudas que se deslizan por atmósfera dolientes en las que se distorsiona lo que pudo ser una fábula, un cuento y especialmente la pureza de un género, dando lugar siempre a una reflexión sobre el acto de la escritura.

 

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Diálogos de tigres, de Lilian Elphick

 

En: Diario Las Últimas Noticias , 9 de septiembre de 2011.

Dibujo: Sergio Astorga

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